La FIFA levanta la sanción a Balogun tras la presión de Trump

En una resolución sin precedentes modernos que desató un fuerte escándalo internacional, el organismo rector dejó en suspenso la expulsión del delantero estadounidense un día antes del choque ante Bélgica por los octavos de final. El antecedente de Chile 1962 y el malestar europeo.

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El Mundial 2026 ya tiene su primer gran escándalo extrafutbolístico, y las esquirlas prometen sacudir los cimientos institucionales del fútbol asociado. En una determinación que rompe con la habitual rigidez de los comités disciplinarios en medio de una competencia en curso, la FIFA resolvió dejar en suspenso la sanción al delantero estadounidense Folarin Balogun. De esta manera, el atacante de 25 años quedó plenamente habilitado para disputar el trascendental encuentro de octavos de final frente a Bélgica en Seattle, desatando una ola de indignación en el seleccionado europeo y suspicacias en todo el arco deportivo global.

La génesis de esta controvertida amnistía excede los argumentos meramente deportivos y se traslada directamente a las esferas del poder político. Según revelaron investigaciones periodísticas de medios internacionales como The New York Times, El País de España y las agencias de noticias AP y AFP, la marcha atrás de la entidad madre del fútbol se produjo tras una intervención directa del presidente norteamericano, Donald Trump. El mandatario mantuvo una conversación telefónica con el titular de la FIFA, Gianni Infantino, solicitando la revisión de la tarjeta roja que el atacante había recibido en la instancia previa ante Bosnia y Herzegovina tras una dura entrada sobre el defensor Tarik Muharemovic.

Para justificar técnicamente la medida, la comisión disciplinaria apeló al artículo 27 de su Código Disciplinario, el cual faculta al organismo a aplicar un período de prueba de un año sobre la ejecución de suspensiones parciales o totales. No obstante, la ausencia de una argumentación sólida sobre por qué se aplicó este beneficio de manera excepcional con el futbolista local —y no con el resto de los expulsados del certamen— encendió las alarmas. La estrecha relación entre Trump e Infantino, plasmada recientemente en la entrega del cuestionado «Premio de la Paz» al líder republicano durante el sorteo del fixture en Washington y su confirmada presencia en el palco oficial para entregar el trofeo en la final de Nueva Jersey, expone el reverso de una decisión que muchos analistas tildan de complacencia organizativa.

Las reacciones de la vereda de enfrente no se hicieron esperar. Mientras la Federación de Fútbol de Estados Unidos y el entrenador argentino Mauricio Pochettino celebraban con cautela el retorno de su carta de gol, el director técnico del seleccionado de Bélgica, el francés Rudi Garcia, estalló en conferencia de prensa ironizando sobre la seriedad del fallo y equiparándolo al día de los inocentes europeo. La federación belga ya evalúa presentar una queja formal ante las autoridades, conscientes de que para encontrar un indulto de similar calibre durante el transcurso de una Copa del Mundo hay que remontarse a la mítica e igualmente polémica habilitación del brasileño Garrincha en la final de Chile 1962.

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