«No vendo humo»: la filosofía de la autenticidad con la que Luis de la Fuente guió a España a la final

El seleccionador español defiende su gestión humana y su sobriedad ante los micrófonos en la víspera del duelo crucial contra la Argentina de Scaloni.

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En la era de los entrenadores histriónicos y los relatos épicos construidos para el consumo inmediato en redes sociales, Luis de la Fuente prefiere el valor de la normalidad. En la víspera del partido más importante de su vida, la final de la copa del Mundo, el seleccionador español ha dejado una definición que sintetiza no solo su método de trabajo, sino también su forma de entender la profesión: «No vendo humo; el jugador se motiva con mi comportamiento». Con esa declaración de principios, el técnico riojano marca distancias con los discursos vacíos y ratifica que el éxito de esta España finalista descansa en la coherencia, la cercanía afectiva y la credibilidad que transmite desde el banco de suplentes.

La frase no es un exabrupto, sino una radiografía de su manual de conducción. De la Fuente llegó al cargo absoluto en diciembre de 2022 arrastrando el prejuicio de ser un técnico de perfil bajo, un «hombre de la casa» formado en las estructuras juveniles de la federación pero sin experiencia en los grandes transatlánticos de la Liga. Sin embargo, esa supuesta debilidad se convirtió en su principal fortaleza. Al no necesitar sobreactuar su autoridad ni construir un personaje mediático para legitimarse ante el plantel, basó su liderazgo en el ejemplo diario y en el conocimiento profundo de una plantilla en la que vio crecer a figuras clave como Fabián Ruiz, Rodri o el propio Dani Olmo en las categorías Sub 19 y Sub 21.

Para el vestuario de la selección española, la sobriedad de su conductor ha operado como un bálsamo en un torneo de máxima tensión. El entrenador sostiene que el futbolista de élite detecta de inmediato la impostura. Por eso, en lugar de recurrir a arengas revolucionarias o tácticas de motivación artificial, prefiere que los futbolistas encuentren la tranquilidad en sus gestos equilibrados y en la previsibilidad de sus decisiones. Su tranquilidad ante el micrófono —incluso cuando bromeaba sobre su nerviosismo por el viaje en helicóptero sobre Manhattan en lugar del partido en sí— es la misma que traslada a sus dirigidos antes de saltar al MetLife.

Esta filosofía de la autenticidad será puesta a prueba ante su amigo y antiguo alumno, Lionel Scaloni, un técnico que comparte una matriz de conducción similar: la desmitificación del rol del entrenador y el protagonismo absoluto devuelto a los futbolistas. Frente al ecosistema hiperprofesionalizado y muchas veces artificial del fútbol moderno, De la Fuente ha demostrado que la empatía y la honestidad intelectual todavía son las herramientas más eficaces para armar un equipo campeón. España jugará la final fiel a un estilo de posesión geométrica en la cancha, pero impulsada desde el vestuario por la sensatez de un hombre que se niega a vender otra cosa que no sea fútbol.

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