El tablero de las relaciones laborales en la Argentina ingresa formalmente en su etapa de mayor tensión desde la asunción de Javier Milei. A través de la Secretaría de Trabajo, liderada por Julio Cordero, el Poder Ejecutivo puso en marcha las intimaciones formales dirigidas a cámaras empresarias y organizaciones sindicales para renegociar de manera obligatoria entre 100 y 150 Convenios Colectivos de Trabajo (CCT) que se encuentran formalmente vencidos.
La medida representa la aplicación más drástica y concreta de la Ley de Modernización Laboral (Ley N° 27.802) tras la reciente publicación de los decretos reglamentarios 407, 408 y 409 en el Boletín Oficial. Con este andamiaje jurídico, el oficialismo apunta a desmantelar un esquema normativo que, según la mirada oficial y empresarial, congela las condiciones de productividad en convenios que muchas veces datan de la década de 1970.

El corazón del conflicto radica en la limitación de la denominada «ultraactividad», el principio histórico que garantizaba que las condiciones de un convenio laboral siguieran vigentes de forma indefinida tras su vencimiento hasta tanto se firmara un nuevo acuerdo. A partir del nuevo marco legal que reglamenta el artículo 137 de la ley de reforma, el Estado adquiere la potestad de intimar a las partes en un plazo de un año para rediscutir los términos firmados.
Desde la perspectiva empresarial —con un fuerte respaldo de las cámaras del Grupo de los Seis— se ve en este proceso la oportunidad de «negociar a la baja» cláusulas que consideran obsoletas, flexibilizar dinámicas internas de las plantas de producción y, de manera primordial, recortar las denominadas contribuciones solidarias extraordinarias destinadas al financiamiento de las estructuras gremiales. Aunque los especialistas en derecho laboral aclaran que la jurisprudencia suele resguardar el piso de los salarios básicos, la caída de cláusulas obligacionales específicas entre empresas y sindicatos deja a estos últimos en una situación de extrema debilidad negociadora.
En paralelo, la estrategia de la Secretaría de Trabajo excede la mera actualización de textos. El plan gubernamental promueve activamente un cambio estructural: descentralizar las paritarias fomentando la creación de «sindicatos por empresa», lo que fragmenta la fortaleza de las grandes federaciones nacionales. Asimismo, se busca introducir de manera masiva la figura del «salario dinámico«, un esquema que permite ligar adicionales salariales a metas de presentismo y productividad. Si bien para los trabajadores representa un ingreso de bolsillo inmediato y de reintegro completo, dichos montos quedan excluidos del cálculo para el sueldo anual complementario (aguinaldo), vacaciones y futuras bases indemnizatorias.
La respuesta de la Confederación General del Trabajo (CGT) no se hizo esperar. La cúpula cegetista calificó la medida como un avance hacia la «precarización» y la «aniquilación de derechos», advirtiendo que la obligación de renegociar bajo la amenaza del vencimiento de convenios funciona en la práctica como un «cepo salarial«. Frente a un escenario de empleo informal que ya afecta a una porción estructural del mercado, el sindicalismo tradicional anticipa una batalla que se trasladará inmediatamente a los tribunales mediante la presentación de amparos por cada intimación que emita la cartera laboral.