El escándalo de corrupción institucional que sacude los cimientos de la empresa estatal Arsat sumó un capítulo de ribetes cinematográficos y alta peligrosidad. Durante los operativos ordenados en el marco de la investigación penal contra la denominada «banda de los mendocinos» —el entramado de funcionarios que controló el organismo de telecomunicaciones durante sucesivas administraciones—, las fuerzas de seguridad descubrieron que el principal implicado no solo acopiaba divisas y estupefacientes, sino que disponía de una estructura logística propia de una agencia de inteligencia clandestina.

En el operativo realizado por la Policía Federal en el domicilio del expresidente de Arsat, Facundo Leal, ubicado en el barrio porteño de Palermo, los efectivos secuestraron una valija técnica que contenía 19 artefactos de espionaje profesional. Entre el material incautado se destacan micrófonos ocultos de alta sensibilidad, inhibidores de señales y dispositivos de rastreo satelital. El hallazgo de este equipamiento táctico reconfigura las hipótesis de la fiscalía, que ahora busca determinar si estas herramientas eran utilizadas para extorsionar a figuras del arco político, realizar espionaje interno dentro de la compañía tecnológica o monitorear las actividades de los proveedores que participaban en las licitaciones públicas.
Este arsenal tecnológico se añade a un botín de dimensiones ya alarmantes retirado del mismo departamento de Palermo. Las autoridades judiciales habían contabilizado previamente cerca de 650.000 dólares en efectivo distribuidos en billetes de siete monedas extranjeras diferentes, junto con miles de dosis de sustancias prohibidas, entre las que se identificaron cargamentos de cocaína, ketamina y diversas variantes de drogas sintéticas acondicionadas para su comercialización.
La causa, que se originó a partir de la denuncia por irregularidades y un robo en un predio de la empresa pública en San Fernando, apunta a desentramar una red sistémica de retornos y sobreprecios en la contratación de obras y servicios tecnológicos. Con el análisis forense de los dispositivos de comunicación y los equipos de escucha secuestrados a Leal, los investigadores judiciales intentarán dimensionar los alcances reales de una organización criminal que combinaba el desvío de fondos públicos con prácticas ilegales de inteligencia y el tráfico de estupefacientes a gran escala.