El fuego interno que frena sus ambiciones presidenciales de Kicillof

Mientras en los despachos de La Plata intentan minimizar los cuestionamientos, desde distintas terminales del peronismo arrecian las críticas hacia la estrategia de construcción política del gobernador bonaerense, sumando obstáculos antes de un lanzamiento formal.

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El plan de Axel Kicillof para consolidar una proyección nacional que lo posicione de manera indiscutible en la cima de la oposición se encuentra ante un laberinto de tensiones domésticas de difícil resolución. A pesar de los esfuerzos de su entorno por exhibir una gestión hiperactiva frente a las políticas de la Casa Rosada, la resistencia más compleja no proviene del plano institucional, sino de la propia geografía política del peronismo. La estructura partidaria, lejos de encolumnarse detrás del gobernador de la provincia de Buenos Aires de cara a los próximos horizontes electorales, ha comenzado a multiplicar sus focos de disidencia y reproches, exhibiendo las profundas divisiones conceptuales que atraviesan al movimiento.

Cristina Kirchner

La fragilidad del consenso que intenta edificar el mandatario provincial quedó al descubierto de manera explícita durante una reciente exposición pública en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. En medio de su discurso, la intervención de militantes con reclamos directos como “Pedí por Cristina, Axel” o “Queremos saber cómo vamos a liberar a Cristina” sirvió para ilustrar el cordón umbilical que amplios sectores de la dirigencia y las bases partidarias mantienen con la conducción de la expresidenta. Para las terminales más duras del espacio, cualquier intento de Kicillof por articular un armado político con impronta propia e independiente del Instituto Patria sigue leyéndose bajo la lupa de la deslealtad o el apresuramiento, condicionando severamente su margen de autonomía de cara al armado de listas y la construcción de alianzas nacionales.

Desde los despachos gubernamentales en La Plata se afanan en desestimar la gravedad de estas embestidas, catalogándolas como meras maniobras sectoriales orientadas a limitar el crecimiento del gobernador y forzar una mesa de negociación anticipada. No obstante, las voces críticas ya no se reducen al núcleo duro de la militancia juvenil. Distintos jefes comunales y referentes históricos del Partido Justicialista observan con creciente preocupación los métodos y la fisonomía de la mesa chica de Kicillof, a la que acusan de encerrarse en un dogmatismo que impide la contención de las diversas vertientes del peronismo territorial.

Esa posición se complica con el lanzamiento de la candidatura del senador sanjuanino Sergio Uñac, quien tiene más actitud para canalizar esos descontentos. El malestar se agudiza ante la percepción de que la gestión bonaerense busca provincializar sus conflictos en lugar de ofrecer soluciones transversales a un tejido social fuertemente golpeado en el conurbano.

Este escenario de fragmentación sorda complica el diseño del plan presidencial mucho antes de que se formalice cualquier postulación. Ante un oficialismo nacional que capitaliza las divisiones de la oposición, Kicillof afronta la difícil encrucijada de acelerar el paso de su armado nacional a riesgo de profundizar la fractura con el kirchnerismo ortodoxo, o replegarse a las demandas de sumisión que le imponen sus socios políticos. En el corazón del debate peronista, la discusión ya no gira solamente en torno a quién encabeza el rechazo a las políticas libertarias, sino a si el gobernador bonaerense cuenta con el volumen y la muñeca política necesarios para liderar una reconstrucción que, por ahora, encuentra sus principales enemigos puertas adentro.

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