El colapso operativo de Flybondi alcanzó su punto más crítico. La compañía aérea que supo consolidarse como el segundo jugador más importante del mercado de cabotaje argentino llegó al extremo de operar en el Aeroparque Jorge Newbery con un único avión en funciones, logrando realizar apenas cuatro de los vuelos programados y suspendiendo otros doce en una sola jornada. La preocupante parálisis no es un hecho aislado, sino el reflejo de un deterioro estructural que, según registros de la consultora Adventus, provocó la cancelación de más de 2500 vuelos entre junio de 2025 y mayo de 2026, dejando a pie a más de 350.000 pasajeros y desplomando su índice de puntualidad mensual a un alarmante 26%.

Detrás de los mostradores repletos de reclamos se esconde una severa crisis financiera que mantiene a once de sus aeronaves fuera de servicio. Fuentes del sector aeronáutico apuntan a millonarias deudas acumuladas por el pago de contratos de alquiler y tareas de mantenimiento técnico en el exterior, como el caso de dos aviones retenidos en México por un saldo impago de cinco millones y medio de dólares. Analistas de la industria advierten que la empresa se encuentra sobreprogramando rutas por encima de su capacidad real para generar liquidez inmediata, estimando que se requerirían al menos 25 millones de dólares para normalizar parcialmente una operación que hoy navega a la deriva en medio de una acefalía directiva tras las recientes salidas de su CEO y de las principales autoridades del grupo controlador.
Esta debacle coincide con un convulsionado proceso de reestructuración corporativa que comenzó a mediados de 2025, cuando el fondo de inversión Cartesian cedió el control accionario a COC Global Enterprise, un grupo liderado por el empresario Leonardo Scatturice, un hombre vinculado a servicios de inteligencia y al presidente Javier Milei. A pesar de haber anunciado un ambicioso plan de expansión a fines del año pasado para incorporar 35 nuevas aeronaves, las demoras en las entregas y las crecientes dificultades para acceder a divisas profundizaron los incumplimientos, lo que ya derivó en múltiples actas de infracción labradas por la Administración Nacional de Aviación Civil. Lejos de la promesa de democratizar los cielos que impulsó su nacimiento en 2018, la pionera de las tarifas bajo costo en Argentina enfrenta hoy su peor tormenta con la flota amarrada al suelo y un futuro institucional completamente incierto.