Macri recalibra el motor del Pro y dice «estar lejos» de una candidatura

El expresidente desembarcó en Mendoza para contener el avance libertario sobre sus bases, sumó a Michetti y selló una cumbre de alto equilibrio político con el gobernador Alfredo Cornejo.

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El Pro ha iniciado un movimiento de repliegue y reorganización territorial con un objetivo nítido: evitar ser absorbido por la marea oficialista. En un escenario nacional dominado por las rispideces internas y los ruidos de gestión de La Libertad Avanza de Javier Milei como ha vendio publicando Argentina Informa, el expresidente Mauricio Macri eligió la provincia de Mendoza —un bastión clave y vidriera de la gestión subnacional— para encabezar un fuerte golpe de efecto partidario que busca reposicionar a la fuerza amarilla de cara a los desafíos electorales del 2027.

La excusa formal de la travesía fue el encuentro regional de la militancia de Cuyo denominado “Próximo paso”, desarrollado en el Hotel Hilton de Guaymallén, donde confluyeron delegaciones de San Juan, San Luis, La Rioja y Catamarca. Sin embargo, el dato político más potente de la jornada radicó en el rearmado estético y conceptual del espacio. Macri no viajó solo: se mostró escoltado por figuras fundacionales del partido que habían permanecido replegadas en los últimos años, destacando especialmente la reaparición de la exvicepresidenta Gabriela Michetti, quien buscó reivindicar el legado de la gestión Cambiemos frente a las críticas recurrentes del actual oficialismo.

mauricio macri

El desembarco implicó además un complejo ejercicio de equilibrismo para el gobernador radical de Mendoza, Alfredo Cornejo. El mandatario provincial, que hoy reviste como uno de los aliados más nítidos y estratégicos de Javier Milei en el mapa de gobernadores, ofició de anfitrión de Macri en una cena privada en la residencia oficial de La Puntilla. Para los analistas locales, la velada funcionó como un laboratorio de ensayo ante un eventual reagrupamiento de Juntos por el Cambio, motivado por las señales de alarma que encienden los sectores socioeconómicos ante las tensiones del programa nacional.

A pesar del clima de «operativo clamor» alimentado por su entorno directo —con los diputados nacionales Martín Yeza y Fernando de Andreis a la cabeza—, el líder del Pro optó por enfriar las expectativas de corto plazo respecto a un regreso a la carrera por el sillón de Rivadavia. «Estoy lejos de una candidatura», enfatizó el ex jefe de Estado, intentando dotar a su armado de una impronta más institucional que personalista. No obstante, dejó flotando una frase de fuerte voltaje interno que sacudió los pasillos de la política: “Quiero ayudar a que este cambio se haga realidad. A veces los enemigos están afuera, pero también adentro”.

La advertencia de Macri no solo pareció apuntar a las desprolijidades organizativas de los libertarios, sino también a la necesidad de fijarle límites al Ejecutivo. En sintonía, Fernando de Andreis disparó críticas elípticas hacia el ministro de Economía, Luis Caputo, y reclamó mayor autonomía política, al tiempo que tendió puentes hacia Patricia Bullrich, calificándola como una figura clave en una hipotética estrategia unificada.

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El tablero en Mendoza asoma complejo y anticipa una interna al rojo vivo. Mientras el Pro local —comandado por Gabriel Pradines— perfila al intendente de Luján de Cuyo, Esteban Allasino, como una carta fuerte, el radicalismo de Cornejo debate su sucesión entre el jefe comunal de la capital, Ulpiano Suarez —quien mantuvo un hermético encuentro a solas con Macri—, y el actual ministro de Defensa, Luis Petri, el hombre fuerte de los libertarios en la provincia. En ese río revuelto de ambiciones y encuestas cruzadas, Macri movió sus piezas con el manual del estratega: marcar territorio, contener los daños de la ola violeta y resguardar el valor de la marca propia.

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