Las ventajas y facilidades que abren los bancos para que los morosos puedan rescatar sus deudas

El stock de préstamos personales reestructurados trepó un 127% en apenas siete meses ante el deterioro de la capacidad de pago de las familias. Uno de cada cuatro créditos en mora ya debió ser renegociado para evitar una parálisis mayor del financiamiento en julio.

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El agresivo proceso de expansión del crédito al consumo que experimentó el mercado interno entre 2024 y la primera mitad de 2025 comenzó a pasar su factura al sistema bancario argentino. De acuerdo con las últimas estadísticas oficiales procesadas por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), la morosidad en los préstamos destinados a las familias escaló hasta un preocupante 12,7%, un guarismo que encendió luces rojas en las gerencias de riesgo de la City porteña al rozar máximos que no se registraban en la plaza local desde hacía más de dos décadas. Ante una crisis de pagos de semejante envergadura, las entidades financieras se vieron forzadas a activar un agresivo «operativo rescate» a través de un inédito proceso de refinanciaciones generalizadas.

Las magnitudes de este salvataje quedan expuestas de forma nítida en los números de la autoridad monetaria. Entre octubre de 2025 y mayo del corriente año, el stock total de financiaciones personales que debieron ser reestructuradas prácticamente se duplicó, trepando desde los $1,09 billones hasta consolidar la abultada cifra de $2,47 billones; una aceleración neta del 127% en un lapso de apenas siete meses. En este ecosistema de deuda estresada, el Banco Galicia emerge como la entidad con el mayor volumen nominal de refinanciaciones, habiendo estirado su cartera renegociada de $472.580 millones a $936.020 millones, lo que equivale a un salto del 98%.

Los bancos con már préstamos impagos

Sin embargo, las alarmas financieras suenan todavía con más fuerza al desagregar el comportamiento relativo de otras grandes entidades privadas y públicas del sector. El BBVA lideró el avance porcentual del sistema con un impresionante incremento del 288% en sus deudas reestructuradas (alcanzando los $253.869 millones), escoltado de cerca por el Banco Macro con un alza del 259% y el Banco Nación, que escaló un 235% hasta rozar las $267.188 millones refinanciados. Por su parte, firmas de peso como el Banco Santander y el Banco Provincia registraron incrementos del 146% y 132% respectivamente. La contundencia de estos números demuestra que prácticamente la totalidad del entramado bancario nacional se vio forzado a desviar recursos operativos hacia la contención y el estiramiento de los plazos de pago de sus carteras de clientes morosos.

La radiografía interna del fenómeno revela que el peso específico de las refinanciaciones saltó del 1,66% al 3,16% del total de la cartera de préstamos a familias. Sin embargo, el dato central que monitorea el mercado con extremo recelo indica que las deudas reestructuradas ya explican el 26,1% del total de los préstamos en mora: es decir, uno de cada cuatro créditos con dificultades de cobro debió ser reformulado. Al mismo tiempo, las categorías de mayor riesgo crediticio se dispararon exponencialmente: las deudas catalogadas por el BCRA bajo la etiqueta de «alto riesgo» (Situación 4) se incrementaron de $1,98 billones a $5,12 billones, en tanto que los pasivos considerados directamente como «irrecuperables» (Situación 5) saltaron de $358.000 millones a casi $1,19 billones.

Las soluciones para salir de la morosidad

A pesar de la gravedad implícita en estas métricas, el ministro de Economía, Luis Caputo, salió al cruce de las especulaciones bajándole el tono a las alarmas. Desde la perspectiva oficial, un incremento en los ratios de morosidad resulta un correlato esperable tras un ciclo de vertiginosa inyección crediticia en el mercado minorista, al tiempo que insisten en que los niveles actuales no configuran un riesgo sistémico para la solidez patrimonial de los bancos.

Luis Caputo

Con todo, la reality de los sectores de ingresos medios y bajos forzó a la banca pública a mover primero: tanto el Banco Nación como el Banco Provincia instrumentaron de urgencia líneas especiales de salvataje que ofrecen plazos de hasta 72 meses y tasas de interés del 65% nominal anual (TNA). La gran encrucijada del sector de cara a la segunda mitad del año consistirá en evitar que la obligada prudencia ante el riesgo de incobrabilidad termine por estrangular el financiamiento, en un escenario donde las tasas de interés al consumo siguen volando arriba del 100% anual y el volumen real de crédito amaga con ingresar de lleno en terreno negativo.

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