El Senado de la Nación se ha transformado en un auténtico polvorín político. En una maniobra de alta tensión, el Poder Ejecutivo logró ganar oxígeno al postergar y dilatar la sesión especial en la que la oposición pretendía acorralar al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. La estrategia oficialista, operada directamente en el recinto por Patricia Bullrich, consistió en alterar las condiciones del debate y derivar el proyecto de interpelación a la Comisión de Asuntos Constitucionales. Con este nuevo filtro burocrático, la Casa Rosada consigue estirar los plazos y frena el avance directo hacia el recinto, en una jugada que desató la furia del peronismo y profundizó la desconfianza de los sectores aliados.

La resistencia de la oposición dura, nucleada en Unión por la Patria y liderada por senadores como José Mayans y Juliana Di Tullio, no tardó en estallar. El peronismo venía presionando para activar los mecanismos constitucionales que habiliten no solo la interpelación, sino una posterior moción de censura destinada a desplazar al funcionario. Tras las modificaciones reglamentarias impulsadas por el oficialismo, desde las filas kirchneristas denunciaron una maniobra flagrante para bloquear el control parlamentario y encubrir la delicada situación patrimonial de Adorni, quien se encuentra bajo la lupa judicial por presunto enriquecimiento ilícito a raíz de omisiones en sus declaraciones juradas, vinculadas a supuestas operaciones con criptomonedas.
Sin embargo, el dato más crítico para Balcarce 50 no proviene del peronismo, sino de sus propios socios legislativos. Fuentes del PRO y de la Unión Cívica Radical (UCR) han dejado trascender un fuerte malestar ante lo que consideran una «agonía estéril». Los bloques dialoguistas aceptaron la dilación impuesta por Bullrich bajo una condición tácita: que los hermanos Javier y Karina Milei utilicen este interregno para instrumentar una «salida ordenada» de Adorni, ya sea mediante una renuncia, una licencia o el ofrecimiento de un destino diplomático. Los aliados advierten que su paciencia tiene límite y que, de no mediar una resolución desde Olivos, unirán fuerzas con la oposición para votar la remoción del ministro coordinador.
Este escenario de parálisis legislativa amenaza con llevarse puesto el resto de la agenda del Ejecutivo. La suerte del jefe de Gabinete quedó directamente atada al futuro de iniciativas clave para la gestión presidencial, como el denominado «Súper RIGI» en la Cámara de Diputados. Si el oficialismo insiste en blindar a Adorni a cualquier precio, la oposición dialoguista amenaza con congelar el tratamiento de las leyes económicas estratégicas, transformando el despacho del jefe de Gabinete en un pesado ancla para el programa de Gobierno.