Tensión entre Karina Milei y Santiago Caputo: la interna libertaria se mudó al control de la inteligencia estatal

El nombramiento de Sebastián Pareja al frente de la Comisión Bicameral de Inteligencia expone la profunda desconfianza entre Karina Milei y Santiago Caputo, un choque de poder alimentado por reuniones reservadas con magnates tecnológicos y acuerdos rotos en el Congreso.

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La disputa por el control real del poder en la Casa Rosada ha encontrado un nuevo escenario, acaso el más opaco y sensible de la estructura estatal. La reciente designación del diputado Sebastián Pareja como presidente de la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia del Congreso no representa un mero trámite legislativo, sino un movimiento estratégico ejecutado por Karina Milei para poner bajo la lupa el despliegue de la ex SIDE, el feudo que Santiago Caputo coordina desde las sombras de la Jefatura de Gabinete. Quienes habitan los despachos oficiales admiten que el objetivo primordial no es desatar una guerra abierta e inmediata contra el influyente asesor presidencial, sino consolidar un mecanismo de prevención y, fundamentalmente, garantizar el acceso a información reservada que hasta ahora fluía de forma unidireccional.

Karina Milei Santiago Caputo

El punto de quiebre que aceleró este desembarco ocurrió lejos de Buenos Aires, cuando el entorno de la secretaria general de la Presidencia y el bloque de fieles comandado por Martín Menem se enteraron de un encuentro privado y fuera de agenda entre Caputo y Peter Thiel, el magnate tecnológico y militar cofundador de PayPal y Palantir Technologies. Los estrechos vínculos de Thiel con la administración de Donald Trump y la especialización de su firma en el procesamiento masivo de datos encendieron las alarmas en el núcleo familiar del Presidente Javier Milei. Ante el temor de un avance desmedido en el aparato de vigilancia y ciberseguridad por parte del consultor estrella, la respuesta política fue inmediata: colocar a un hombre de la extrema confianza de Karina Milei en el único sillón institucional con facultades legales para revisar de arriba a abajo los gastos reservados y el accionar operativo de los espías.

Para concretar esta jugada, el oficialismo no dudó en pagar el costo de dinamitar los puentes con sus aliados parlamentarios más cercanos. Cristian Ritondo, jefe de la bancada del PRO en la Cámara de Diputados, vio frustrada su llegada a la conducción de la bicameral a pesar de los compromisos previos que había asumido el propio Martín Menem. La reacción del macrismo fue de un profundo malestar, sumando este destrato a una lista de deudas acumuladas que incluye el bloqueo a cargos clave en la Auditoría General de la Nación y la vicepresidencia tercera de la cámara baja. Mientras el PRO mastica el sabor de la traición y advierte sobre los peligros de quedar atrapado en una guerra de guerrillas palaciega, en La Libertad Avanza minimizan los reproches cruzados y priorizan el blindaje interno de su estructura.

La atmósfera de desconfianza mutua se respira también en el ecosistema digital, donde las tensiones entre Caputo y Menem sumaron capítulos recientes por la atribución de cuentas anónimas dedicadas a horadar la gestión de ciertos funcionarios. En este campo minado, Pareja intentará ejercer una presidencia de equilibrio, intentando disipar la imagen de un ejecutor agresivo pero sabiendo que tiene en sus manos la llave para abrir los expedientes más herméticos del Estado. Paralelamente, la oposición ya ha puesto la mirada sobre las reformas colaterales que avanzan en el sector, como la restitución de la capacidad de contrainteligencia militar otorgada a las Fuerzas Armadas por el Ministerio de Defensa, un tablero movedizo donde los secretos y la auditoría de los fondos públicos se han convertido en la principal moneda de cambio de la política libertaria.

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