El Tedeum del 25 de Mayo debía ser una postal de unidad para La Libertad Avanza en una fecha de alto impacto patrio, pero terminó convirtiéndose en el escenario de una descarnada exhibición de poder interno. El epicentro del conflicto tuvo lugar en los accesos al Cabildo histórico, justo después de la ceremonia religiosa en la Catedral Metropolitana. Mientras el grueso del Gabinete ingresaba para entonar las estrofas del Himno Nacional, a Patricia Bullrich se le impidió el paso de forma tajante. La jefa del bloque oficialista en la Cámara Alta debió aguardar afuera, expuesta al frío de la Plaza de Mayo, debido a que su nombre no figuraba en el estricto listado de autorizados confeccionado por la Secretaría General de la Presidencia a cargo de Karina Milei, quién también dejó fuera de los actos oficiales a la vicepresidente Victoria Villaruel.

Lejos de ser un error logístico o un malentendido de ceremonial, el episodio refleja la consolidación del férreo control político que ejerce Karina Milei, apodada «El Jefe», sobre los resortes del Poder Ejecutivo y el filtro de acceso al propio Javier Milei. La exclusión de Bullrich es el síntoma visible de una acumulación de cortocircuitos que paralizan la estrategia del oficialismo en el Congreso. En las semanas previas, la senadora había intentado tejer puentes autónomos con bloques de la oposición dialoguista, como el PRO y la UCR, para destrabar proyectos clave. Entre ellos, la iniciativa de «Ficha Limpia» y la reforma de las PASO (Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias). Mientras Bullrich abogaba por un pragmatismo negociador ante la fragilidad numérica del oficialismo en el Senado, el núcleo duro de la Casa Rosada desautorizó cualquier concesión, exigiendo una postura maximalista e inflexible.

Este esquema de aislamiento no es exclusivo para la jefa de la bancada de senadores. La propia vicepresidenta de la Nación y titular de la Cámara Alta, Victoria Villarruel, sufrió un destrato similar al ser marginada de la caminata oficial y relegada en el protocolo del evento. El armado de las listas de asistencia ratificó la fisonomía de la mesa chica del poder actual: una estructura donde el asesor Santiago Caputo comparte la centralidad con la hermana presidencial, mientras figuras de peso político propio como Bullrich o Villarruel son sistemáticamente radiadas. Los antecedentes inmediatos en las reuniones ministeriales, donde el propio Presidente ya había cortado en seco los planteos de la senadora por sus sugerencias de estrategia legislativa, completan el cuadro de una relación que parece haber quebrado el punto de retorno. Con la reforma política encallada y un bloque parlamentario crujiendo por la falta de coordinación, el oficialismo optó por dirimir sus diferencias exponiendo sus costuras en plena plaza pública.

