La capacidad de previsión económica en los hogares argentinos atraviesa uno de sus momentos más críticos de los últimos dos años. Lo que meses atrás se presentaba como un escenario de ajuste selectivo o postergación de consumos secundarios ha mutado en una realidad estructural: casi la mitad de la población admite de forma abierta que sus ingresos mensuales resultan insuficientes para cubrir el costo de la vida corriente. Así lo desglosa el más reciente relevamiento nacional de la consultora Opina Argentina, dirigida por Facundo Nejamkis, cuyas variables cuantitativas exponen no solo el deterioro del poder adquisitivo, sino también la licuación de los mecanismos tradicionales de contención financiera, como el ahorro.

El dato central del informe sociopolítico enciende alarmas tanto en el sector comercial como en los despachos oficiales: el 47% de los encuestados afirma que «no llega a fin de mes«. Este indicador consolida una tendencia persistentemente alcista frente a las mediciones del período previo, que durante el segundo semestre de 2024 solían oscilar en niveles más moderados, ubicándose entre el 28% y el 30%. Si bien en la transición entre mayo y junio se detectó una oscilación a la baja de apenas dos puntos porcentuales dentro de este universo crítico, la foto macroscópica refleja una vulnerabilidad instalada en amplias capas de la población activa.
El fenómeno de asfixia económica encuentra su correlato directo en el vaciamiento de la franja intermedia, aquella históricamente identificada con los sectores medios que lograban equilibrar sus cuentas sin caer en el endeudamiento. Actualmente, el 33% de los ciudadanos consultados manifiesta que «llega a fin de mes, pero no puede ahorrar«. Para dimensionar la velocidad del retroceso, basta contrastar este número con el registro de diciembre de 2024, cuando ese mismo segmento representaba al 52% de la muestra. Esta sensible contracción de casi veinte puntos porcentuales evidencia un proceso de movilidad social descendente, donde las familias que antes lograban mantenerse en situación de equilibrio presupuestario han sido empujadas hacia el lote que ya registra saldos netos negativos antes del recambio mensual.
Como contrapartida de un mapa de ingresos fuertemente polarizado, la capacidad de resguardo financiero ha quedado reducida a una porción marginal de la sociedad. Apenas un 18% de los participantes del sondeo asegura contar con margen para el ahorro tras la cancelación de sus obligaciones corrientes. La serie histórica analizada por Opina Argentina demuestra que las ventanas de mayor holgura económica para este estrato superior se dieron a finales de 2024 y hacia el tercer trimestre de 2025, momentos en los que el indicador llegó a rozar un techo del 24% para luego retomar su sendero decreciente.

Este escenario de contracción material obligada empieza a trasladarse de manera nítida al tablero político. Diversos estudios de opinión pública, en sintonía con índices de alta frecuencia como el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, vienen registrando que las dificultades crónicas para llegar a fin de mes y la percepción de que la crisis aún no ha tocado fondo ejercen una presión de desgaste directa sobre los niveles de aprobación de la administración nacional liderada por Javier Milei. La brecha creciente entre la estabilización de ciertas variables macroeconómicas y la realidad del consumo en los hogares se consolida, de este modo, como el principal desafío para la gobernabilidad económica en el corto plazo.

