El mercado de trabajo asalariado en la Argentina atraviesa un período de profunda reconfiguración estructural, caracterizado por una marcada sangría en los sectores intensivos en mano de obra. De acuerdo con los últimos datos oficiales disponibles de la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) y los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) difundidos por la Secretaría de Trabajo, el empleo privado registrado en la Argentina encadenó su décimo mes consecutivo de contracción neta. Desde el inicio de la actual gestión económica que encabeza el presidente Javier Milei, la pérdida acumulada roza los 200.000 puestos formales, una cifra que refleja el impacto directo del freno en la actividad económica y la readecuación del gasto público.

El análisis pormenorizado de las estadísticas oficiales, sistemáticamente procesadas por especialistas como el periodista económico Ismael Bermúdez, revela que este retroceso no es homogéneo, sino que dibuja una economía laboral a dos velocidades. Por un lado, se consolida el desplome de la construcción —fuertemente afectada por la parálisis casi total de la obra pública civil—, seguida de cerca por el comercio y la industria manufacturera, sectores que acusan el impacto de la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y la consecuente caída del consumo interno. Como contrapartida, las actividades extractivas y primarias, con la minería (impulsada por el litio), el sector energético (con eje en Vaca Muerta) y el complejo agropecuario a la cabeza, muestran variaciones interanuales positivas. Sin embargo, el perfil de estos sectores, intensivos en capital pero de bajo requerimiento de dotación de personal en comparación con el comercio o las fábricas urbanas, resulta insuficiente para absorber la masa de trabajadores desplazados.

Este escenario se inscribe en un contexto macroeconómico complejo. Si bien las mediciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) mostraron durante el año 2025 ciertas oscilaciones y desaceleraciones intermitentes en los índices de precios, la estabilización de los indicadores de empleo formal sigue rezagada respecto a las variables financieras. Informes de consultoras privadas de la city porteña y del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) coinciden en señalar que la elasticidad del empleo respecto al Producto Bruto Interno (PBI) está operando con fuerza en los sectores urbanos. La persistencia de diez meses sin creación neta de empleo registrado en el sector privado formal expone el principal desafío del programa económico actual: lograr que la estabilización de la macroeconomía se traduzca en una reactivación genuina de los motores de la producción local, antes de que el deterioro sociolaboral se vuelva estructural.

