La Selección Argentina firmó un estreno ideal en la Copa del Mundo tras vencer por 3 a 0 a Argelia en Dallas, pero la crónica de este debut no se escribirá desde la frialdad de la táctica, sino desde la piel. El foco del planeta fútbol se posó sobre Lionel Messi, no sólo por su vigencia implacable en la red, sino por un llanto desconsolado tras abrir el marcador que desnudó el lado más humano del mito.
A los 17 minutos del primer tiempo, luego de una asistencia de Rodrigo De Paul, el diez sacó un zurdazo teledirigido al ángulo superior izquierdo que destrabó el encuentro. Lo que debió ser un festejo habitual se transformó en un momento de altísima tensión emotiva: Messi se arrodilló, cubrió su rostro y rompió en un llanto que conmovió a los miles de argentinos presentes en el estadio. Sus compañeros formaron una verdadera fortaleza humana a su alrededor, una postal que evidenció que algo pesado se movía en la intimidad del plantel.

Lejos de las especulaciones iniciales que apuntaban a la mochila de la presión o a la exigencia del debut, el propio capitán se encargó de despejar las dudas en la zona mixta, aportando una dosis de misterio y madurez. El futbolista explicó que su reacción se debió a una cuestión completamente ajena a lo deportivo, confesando haber pasado días difíciles y complicados antes del debut. Sin profundizar en detalles de índole privada, el capitán prefirió utilizar los micrófonos para destacar el valor humano del grupo, agradeciendo el apoyo incondicional de sus compañeros y de toda la delegación.
El desahogo llegó acompañado de una página dorada para los libros de historia. Con sus tres gritos ante el conjunto africano —el segundo tras un pase largo de Emiliano Martínez y el tercero asistido por Nicolás González—, Messi alcanzó la mítica cifra de 16 goles en Copas del Mundo, igualando al alemán Miroslav Klose como el máximo artillero histórico de la competición. Al ser consultado por este hito, el rosarino exhibió su clásico pragmatismo colectivo, restándole trascendencia a los registros individuales y priorizando el funcionamiento del equipo.

La ovación ensordecedora a los 78 minutos, cuando dejó el campo de juego para el ingreso del juvenil Nicolás Paz, marcó el cierre de una jornada inolvidable. Con los primeros tres puntos en el bolsillo, el búnker argentino ya calibra la mira de cara al segundo compromiso del Grupo J, programado para este lunes a las 14:00 (hora argentina) frente a Austria, en lo que promete ser la escala definitiva para encarrilar la clasificación a los octavos de final.

