La Casa Rosada vivió este sábado una de sus jornadas más convulsionadas desde el recambio ministerial del año pasado. Manuel Adorni, quien se consolidó como la voz y el escudo dialéctico del proyecto de La Libertad Avanza, presentó su renuncia indeclinable. La decisión, madurada en el más absoluto hermetismo durante las últimas 48 horas, pone fin a tres meses de agonía política provocada por las sucesivas revelaciones y denuncias sobre su evolución patrimonial, un flanco que el propio funcionario no logró disipar ante la opinión pública ni ante la Justicia.

El desenlace expone las severas fracturas que cruzan el triángulo de poder de Balcarce 50. Apenas veinticuatro horas antes, desde España, el presidente Javier Milei intentó blindar a su funcionario de mayor confianza con un efusivo respaldo público, una práctica habitual en el manual de supervivencia libertario. Sin embargo, fuentes cercanas al Ejecutivo confirman que el ala más dura del gabinete, encabezada por la Secretaría General de la Presidencia, consideraba la permanencia de Adorni como un «costo innecesario» en medio de la delicada negociación legislativa por las reformas de segunda generación. El escándalo por sus bienes había quebrado la premisa de «pulcritud absoluta» que el oficialismo enarbola como bandera frente a la denominada casta política.

Adorni había asumido el control de la Jefatura de Gabinete tras la salida de Guillermo Francos, concentrando no solo la estrategia discursiva sino también la botonera política del Gobierno. Esa centralidad volvió su situación personal insostenible cuando los informes periodísticos comenzaron a revisar en detalle sus declaraciones ante la Oficina Anticorrupción, sembrando dudas sobre la adquisición de propiedades y movimientos financieros de los últimos años. Con su dimisión sobre la mesa, el Poder Ejecutivo prevé anunciar a su reemplazante en la jornada de mañana dominical, con el objetivo de contener la reacción de los mercados financieros en la apertura del lunes y evitar que el vacío de poder profundice la crisis política.

