Por estas horas, los pasillos de la Casa Rosada se convirtieron en un hervidero de rumores que apuntan a un solo desenlace: el fin del ciclo de Manuel Adorni al frente de la Jefatura de Gabinete. El malestar en el núcleo duro del Gobierno, que venía acumulándose de manera subterránea, terminó de detonar tras la filtración de una serie de transacciones comerciales privadas que vinculan al funcionario con la adquisición de insumos tecnológicos de alta gama, como monitores y proyectores de videojuegos, por cifras millonarias a través de plataformas de comercio electrónico. Lo que comenzó como un ruido interno ya se transformó, según fuentes oficiales de primera línea, en una salida inminente que podría concretarse apenas el presidente Javier Milei aterrice en Buenos Aires tras su gira por España.

La situación judicial de Adorni, quien enfrenta una causa penal por supuesto enriquecimiento ilícito, terminó de debilitar sus defensas políticas. Desde el Viejo Continente, el propio Milei intentó mantener un equilibrio discursivo al asegurar que todavía confía en la honestidad de su ministro, pero dejó una advertencia tajante al señalar que si la Justicia determina su culpabilidad, él mismo se encargará de eyectarlo del cargo. Sin embargo, en los despachos de Balcarce 50 saben que los tiempos políticos suelen ser más veloces que los tribunales, y el costo de sostener al funcionario se incrementa minuto a minuto.
La preocupación gubernamental no es en vano, ya que el flanco legislativo amenaza con transformarse en un escenario de desgaste irreversible. En el Congreso de la Nación, los bloques de la oposición ya coordinan una ofensiva para arrastrar al jefe de Gabinete a una interpelación pública. En las filas del oficialismo reconocen con resignación que exponer a Adorni al recinto en este contexto de debilidad estructural resultaría un golpe demoledor para la gestión, por lo que la opción de una renuncia previa asoma como la salida menos traumática para el Poder Ejecutivo. Como un primer síntoma de este repliegue, la tarea de la vocería oficial ya fue formalmente delegada en Adrián Ravier, un movimiento técnico destinado a encapsular la crisis y proteger la comunicación diaria del Gobierno.

Mientras el destino de Adorni parece sellado, la danza de nombres para sucederlo ya comenzó a generar tensiones internas. Quien pica en punta con mayor consenso es el actual ministro del Interior, Diego Santilli, un dirigente con el rodaje político y los lazos parlamentarios necesarios para timonear la tormenta en el Congreso. En un segundo plano, aunque con peso propio en el entorno presidencial, también se mencionan como alternativas al canciller Pablo Quirno y a la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello. Cualquiera sea la elección final, el recambio ministerial no solo buscará suturar la herida que deja Adorni, sino también reorganizar un gabinete que necesita reaccionar con urgencia ante un escenario político cada vez más hostil.

