El fútbol argentino despide a uno de los últimos eslabones de una época en la que el gol se explicaba a través del instinto y la astucia. José Francisco Sanfilippo, conocido eternamente como «El Nene«, falleció este jueves en Buenos Aires a los 91 años, dejando un vacío inmenso en el corazón de San Lorenzo de Almagro y en las páginas doradas del deporte nacional. Nacido el 4 de mayo de 1935, Sanfilippo se consagró como un delantero implacable que combinaba una velocidad mental única con una efectividad feroz dentro del área, una virtud que lo llevó a coronarse cuatro veces consecutivas como el máximo goleador del campeonato local entre 1958 y 1961.

Su historia de amor con el club de Boedo quedó sellada con una marca que aún hoy parece inalcanzable. Con la camiseta azulgrana anotó más de doscientos goles, liderando al equipo que se consagró campeón en 1959 y regresando más tarde para dar la vuelta olímpica en el inolvidable bicampeonato de 1972 bajo la conducción de Juan Carlos Lorenzo. Sin embargo, su enorme talento también dejó huellas profundas en otros grandes escenarios del continente, vistiendo con hidalguía las camisetas de Boca Juniors, Banfield, Nacional de Montevideo y los clubes brasileños Bahía y Bangu. Con la Selección Argentina, Sanfilippo también escribió capítulos trascendentales, alzando la Copa América en 1957 y representando al país en las Copas del Mundo de Suecia 1958 y Chile 1962.

Pero reducir la existencia de Sanfilippo a la frialdad de sus estadísticas deportivas sería omitir la mitad de su mito. Tras su retiro de las canchas, «El Nene» se transformó en un personaje mediático contracorriente, dueño de una verborragia punzante y una honestidad brutal que no entendía de diplomacias. Los espectadores de las últimas décadas lo adoptaron a través de la pantalla chica gracias a debates que se convirtieron en hitos televisivos, como su implacable crítica en vivo al arquero Sergio Goycochea tras la histórica derrota argentina ante Colombia en 1993, o aquel cruce de antología con Diego Maradona y Héctor Veira en el que se discutió el límite entre la bronca y la lástima. Su vida civil también estuvo marcada por su profunda convicción política peronista, al punto de haber integrado el célebre vuelo chárter que en noviembre de 1972 trajo de regreso al país a Juan Domingo Perón tras casi dos décadas de exilio. Con su partida física, el fútbol pierde un pedazo de su mística más genuina y a un hombre que jamás temió decir exactamente lo que pensaba.

