Un dramático e inusual episodio conmociona al ámbito aeronáutico y civil de la provincia de Córdoba. Lo que comenzó como una práctica de entrenamiento habitual desde el Aeródromo Coronel Olmedo derivó en una tragedia absoluta el pasado sábado 4 de julio por la tarde, cuando el instructor de vuelo Leandro Andrés Bertazzo falleció tras caer al vacío desde una altura aproximada de 250 metros en una zona rural de la localidad de Toledo.

La investigación judicial, que inicialmente causó desconcierto por sus características excepcionales, dio un giro decisivo en las últimas horas. La fiscal provincial de Río Segundo, Patricia Baulies, asumió la instrucción de la causa y ha establecido el suicidio como la principal hipótesis del hecho. La competencia del caso permaneció en el fuero provincial, dado que fuentes judiciales explicaron a La Nación que la intervención federal no se activa de forma automática por el solo hecho de involucrar una aeronave, sino únicamente cuando se ve afectada de manera directa la seguridad de la navegación aérea general.
El testimonio de la alumna, una joven de 22 años que compartía la cabina con Bertazzo, resultó fundamental para reconstruir la secuencia. El instructor se quitó imprevistamente los auriculares, guardó su teléfono celular y se desabrochó el cinturón de seguridad. Tras pronunciar la frase «vos sabés lo que tenés que hacer», abrió la puerta de la avioneta y se arrojó al vacío. Pese al estado de shock extremo por la situación, la estudiante demostró una notable templanza: tomó el control absoluto de los mandos, notificó de inmediato la emergencia a la torre de control en tierra y consiguió realizar un aterrizaje forzoso exitoso y sin inconvenientes, para luego guiar a las patrullas de rescate.

El trasfondo personal del piloto aportó datos clave para el rumbo de la investigación. Tras el incidente, los padres de la víctima mantuvieron una conversación con las autoridades de la escuela de vuelo, donde revelaron que Bertazzo —quien era soltero y no tenía hijos— se encontraba atravesando «un mal momento» anímico. Incluso trascendió que pocos días antes de la tragedia había realizado una consulta médica en una clínica neuropsiquiátrica, una situación de salud privada que la empresa de aviación civil desconocía por completo. Los directivos de la firma aeronáutica manifestaron su profunda consternación ante la prensa y precisaron que, si bien los protocolos vigentes exigen suspender la actividad de cualquier piloto cuya aptitud psicofísica se vea alterada, resulta prácticamente imposible detectar este tipo de cuadros si el propio profesional no los manifiesta de forma explícita.

