El movimiento de derechos humanos en la Argentina despide a una de sus figuras más queridas y tenaces. Este domingo, la familia de Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, universalmente conocida como Taty Almeida, confirmó su fallecimiento a los 95 años de edad. La presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora se encontraba internada en el Hospital Italiano de la Ciudad de Buenos Aires debido a complicaciones de salud que la afectaban desde hacía algunos días, marcando el final de una trayectoria inquebrantable marcada por la búsqueda de justicia.

El quiebre en la vida de Almeida ocurrió el 17 de julio de 1975, cuando su hijo Alejandro, un joven de 20 años que cursaba la carrera de Medicina y militaba en el ámbito universitario, fue secuestrado y desaparecido por la organización paraestatal Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), meses antes del inicio de la dictadura militar. Procedente de una familia de fuerte raigambre militar —su padre y sus hermanos pertenecían a las fuerzas armadas—, Taty rompió con los mandatos de su propio entorno para integrarse plenamente al colectivo de mujeres que, portando pañuelos blancos en sus cabezas, comenzaron a marchar alrededor de la Pirámide de Mayo para exigir respuestas al Estado.
Su camino estuvo signado por la perseverancia junto a otras referentes fundamentales como Nora Cortiñas —fallecida en mayo de 2024—. Tras las divisiones internas que experimentó la organización original en la década de 1980, Almeida se erigió como uno de los pilares de la denominada Línea Fundadora. A diferencia de la vertiente más intransigente que encabezó en su momento Hebe de Bonafini, el sector de Taty se caracterizó por una activa articulación con la vía judicial y el sostenimiento institucional de las banderas de Memoria, Verdad y Justicia, convirtiéndose en una oradora central en los actos masivos del 24 de marzo y en un faro ético para las nuevas generaciones de activistas en todo el país.

El deceso de Taty Almeida generó una inmediata oleada de manifestaciones de pesar, condolencias y homenajes por parte de organizaciones civiles, referentes de todo el arco político nacional y figuras de la cultura. Con su partida, el núcleo histórico de las Madres de Plaza de Mayo pierde a otra de sus fundadoras directas, aunque su legado persiste como un componente identitario de la historia democrática contemporánea de la Argentina.

