La salud financiera de los hogares argentinos atraviesa su momento más crítico desde la posconvertibilidad. De acuerdo con los últimos datos estadísticos del sistema financiero, la tasa de morosidad en los préstamos y compromisos crediticios otorgados a familias escaló hasta el 11,2%. Esta cifra consolida una tendencia contractiva de largo arrastre, acumulando 16 meses consecutivos de subas y ubicándose en niveles máximos que no se registraban en el país desde el año 2004.

El indicador macroeconómico deja en evidencia el agotamiento de las estrategias de financiamiento doméstico frente a una sostenida pérdida del poder adquisitivo de los salarios desde que Javier Milei comenzó su gobierno, el retroceso del empleo formal privado y el persistente cierre de pequeñas y medianas empresas. Según explican los analistas del sector, las carteras irregulares avanzan con especial fuerza en los segmentos de financiamiento al consumo corriente de montos menores, tales como el pago mínimo de las tarjetas de crédito, los préstamos personales y las compras en cuotas. La deuda, bajo este escenario, mutó de ser una herramienta de consumo complementario a un mecanismo de supervivencia diaria: una porción creciente de la población se ve forzada a apelar al plástico o a microcréditos bancarios y de plataformas digitales para cubrir necesidades básicas e indispensables como la compra de alimentos, medicamentos, el pago de alquileres y el vencimiento de los servicios públicos.

Este deterioro transversal —que afecta por igual tanto a la banca tradicional como a las fintech y plataformas de crédito no bancarias— se vio reflejado en los indicadores del Poder Legislativo. El Índice de Vulnerabilidad Familiar del Congreso (IVFC) hilvanó diez meses seguidos en aumento y arribó a los 5,1 puntos. Desde el plano metodológico, este puntaje ubica formalmente a los hogares argentinos dentro de la categoría técnica de «Fragilidad Familiar«, un estatus que expone de forma nítida la brecha existente entre las variables macroeconómicas de equilibrio fiscal y la economía diaria de los ciudadanos.
Desde el ámbito parlamentario de la oposición advirtieron con preocupación la velocidad y profundidad que adquirió este proceso de endeudamiento, señalando que los registros actuales de mora prácticamente cuadruplican los mínimos observados hacia fines de 2024. El escenario plantea un serio dilema para el consumo interno y la reactivación económica, dado que las familias se encuentran en un punto donde la cuota del préstamo o el saldo de la tarjeta compiten de manera directa con los costos fijos de subsistencia, limitando drásticamente el margen de maniobra de los ingresos mensuales y encendiendo luces de alerta en la cadena de pagos del sistema financiero.

