El ministro de Economía, Luis Caputo, rompió el silencio para analizar los últimos datos oficiales de actividad y ensayar una lectura de coyuntura sobre el estado real de los bolsillos. En declaraciones públicas que sintonizan con la reciente publicación del INDEC, el jefe del Palacio de Hacienda admitió la existencia de focos de «volatilidad» en la marcha de la economía y reconoció abiertamente que el salario de los trabajadores todavía permanece rezagado en el proceso de ordenamiento macroeconómico. Sin embargo, lejos de mostrar preocupación, el funcionario buscó transmitir un fuerte mensaje de confianza de cara al mediano plazo, afirmando con vehemencia que el proceso de transformaciones estructurales apenas está dando sus primeros pasos.

Al evaluar las razones detrás de los retrocesos mensuales registrados en los índices de la industria y de la construcción durante el mes de abril, Caputo minimizó las oscilaciones de corto plazo y ratificó que la tendencia general de la actividad económica se encuentra en pleno sendero de recuperación. Según la óptica oficial, las fluctuaciones mensuales responden a la propia dinámica de estabilización tras el cambio drástico de matriz económica impulsado por el presidente Javier Milei. En ese sentido, el ministro ponderó el comportamiento de la inflación, asegurando que el índice de precios al consumidor continuará su trayectoria descendente en los meses venideros, lo que eventualmente permitirá consolidar las bases para una mejora genuina del consumo y del entramado productivo local.
El reconocimiento del atraso salarial fue uno de los puntos más sensibles de su intervención. Caputo asumió que la recomposición de los ingresos familiares viene marchando por detrás de los equilibrios fiscales y monetarios logrados por la gestión, pero contrapuso este diagnóstico con una mirada marcadamente optimista sobre el potencial de los sectores productivos. Al respecto, el titular de la cartera económica cruzó las advertencias de economistas del ámbito privado que señalan que el actual ingreso de divisas depende exclusivamente del desempeño no convencional de Vaca Muerta. «Hay que avisarle a este economista que la fiesta recién empieza», disparó el funcionario, argumentando que existen múltiples sectores que están impulsando de forma simultánea un cambio de escala en el perfil productivo del país.

Como respaldo a su tesis de sustentabilidad financiera, el ministro hizo especial hincapié en el frente externo del Mercado Único y Libre de Cambios. «Desde que cambiamos de modelo, las exportaciones están en un récord», enfatizó, al tiempo que descartó de cuajo que la economía argentina sufra la histórica «restricción externa» o escasez estructural de divisas que condicionó a administraciones anteriores. Bajo su perspectiva, el esquema vigente genera los incentivos correctos para la liquidación de fondos al punto de que «hay dólares para todo el mundo», una dinámica que queda demostrada en la constante capacidad de absorción de divisas por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
Finalmente, Caputo defendió la filosofía de su plan frente a las críticas de la oposición sobre el impacto del ajuste en los sectores de menores recursos, asegurando que el actual es un modelo diseñado para favorecer a la gente y derribar mitos históricos de la ortodoxia y la heterodoxia local. Mientras el mercado interno asimila el impacto de la transición y aguarda que la baja inflacionaria se traduzca de forma efectiva en las paritarias, el Palacio de Hacienda se apoya en el viento de cola financiero y en el inminente respaldo de organismos multilaterales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) —que prevén aprobar garantías financieras por u$s4.000 millones— para blindar el programa económico y consolidar el piso de la reactivación.

