La carrera de los precios en la Argentina está a punto de marcar un hito estadístico en su trayectoria reciente. A días de que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) difunda el Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a junio, las principales consultoras privadas del país coinciden en que la inflación perforará la barrera del 2%, ubicándose en un rango estimado de entre el 1,8% y el 1,9%. La cifra consolida la tendencia decreciente iniciada a principios de año, cuando el indicador comenzó el primer bimestre con registros del 2,9% para luego descender paulatinamente hasta el 2,1% reportado en mayo.

La moderación del mes que cerró responde, según los analistas de firmas como C&T Asesores Económicos, a un comportamiento más calmo tanto del componente núcleo como de los precios regulados. El rubro de alimentos y bebidas promedió un avance del 1,9%, traccionado al alza principalmente por el salto estacional superior al 10% en las verduras debido al impacto de las olas de frío polar, mientras que la carne y el transporte mostraron variaciones significativamente menores a las de períodos previos. El IPC de la Ciudad de Buenos Aires, que arrojó un 1,8%, funcionó como el anticipo técnico de lo que se espera a nivel nacional.

A diferencia de los ciclos económicos precedentes, en los que una fuerte desinflación inicial solía ser sucedida por un rebote agresivo en la segunda mitad del año, el consenso del mercado apunta a que el sendero bajista persistirá, aunque con una velocidad considerablemente menor. Los shocks severos del primer semestre vinculados a las correcciones masivas en las tarifas de servicios públicos, los combustibles y la carne parecen haber quedado atrás. No obstante, el principal factor de resistencia para los meses venideros estará concentrado en el mercado cambiario, donde una menor oferta estacional de divisas y una mayor demanda vinculada a las vacaciones de invierno y eventos de consumo global presionarán el valor del dólar hacia el alza.
Desde la consultora EcoGo señalan que esta dinámica de devaluación más acelerada de la moneda local —que superó el 5% mensual— actuará como un amortiguador que impedirá caídas drásticas inmediatas, estabilizando el índice cerca del 2% en el corto plazo antes de lograr un descenso más profundo hacia el último trimestre del año. Por su parte, economistas de las fundaciones Libertad y Progreso y Analytica atribuyen la base de esta desaceleración a la continuidad de políticas monetarias y fiscales restrictivas por parte del Palacio de Hacienda. A pesar de esto, advierten que los niveles actuales de consumo doméstico continúan deprimidos por la falta de una recomposición sólida del salario real frente a las góndolas, un factor macroeconómico clave que de manera indirecta limita los aumentos desmedidos en los productos envasados en los supermercados.

