El plan de estabilización económica implementado por el Gobierno transita una etapa de reconfiguración y adaptación constante, pero muestra cortocircuitos severos en la economía real. Marina Dal Poggetto, directora de la consultora Eco Go, trazó una radiografía crítica sobre el actual régimen macroeconómico en una entrevista con Clarín. La economista advirtió que, si bien el programa oficial ha logrado enderezar variables financieras y fiscales, mantiene una desconexión profunda con el motor del mercado interno: «La cadena de transmisión de la monetización y la actividad está rota; el crédito no tracciona al consumo y a la inversión».

El núcleo de su diagnóstico radica en una paradoja sectorial. Las actividades que muestran mayor dinamismo y capturan las principales miradas oficiales —como la energía, la minería, el sector agropecuario y las finanzas— representan en conjunto el 15% del Producto Bruto Interno (PBI) y apenas el 9% del empleo total. Debido a su naturaleza intensiva en capital pero limitada en la absorción de mano de obra, este bloque exportador no logra compensar el estancamiento de los salarios reales ni la contracción que registra el empleo formal en los sectores tradicionales. Como consecuencia directa, el consumo masivo permanece trabado y con proyecciones de un crecimiento marcadamente acotado.
Un fenómeno singular expuesto por Dal Poggetto es la alteración en el comportamiento del crédito, condicionado por un cambio de régimen financiero y de ciclo macroeconómico. Tras años de alta inflación donde el valor real de las cuotas de los préstamos se licuaba rápidamente, la desaceleración del índice de precios transformó las obligaciones crediticias en cargas mucho más pesadas para las familias y empresas. A esto se suma un incremento estructural en la mora y una mayor inclusión financiera precaria a través de billeteras virtuales a sectores que no califican formalmente como sujetos de crédito estables.

En materia cambiaria y fiscal, la especialista señaló que la estrategia de retirar pesos del mercado mediante la emisión de deuda en moneda local genera como contrapartida un incremento de la deuda en pesos medida en dólares, en un escenario donde el Banco Central acumuló cerca de 12.000 millones de dólares pero el mercado cambiario se sostiene bajo un equilibrio tenso con el cepo a empresas aún vigente. Asimismo, advirtió que la apertura económica con un tipo de cambio apreciado corre el riesgo de erosionar ramas industriales que no deberían destruirse, debilitando recursos tributarios clave para garantizar la consolidación fiscal.
Hacia el mediano plazo, la directora de Eco Go proyecta que, bajo un escenario donde el programa económico consolide sus objetivos básicos, el país podría aspirar a un sendero con una inflación del 25% para el próximo año y una tasa de crecimiento cercana al 2% hacia 2027. No obstante, recordó que la actividad agregada arrastra un rezago histórico significativo, moviéndose en un constante zig-zag que mantiene los niveles actuales de producción física en registros similares a los observados a mediados de 2022.

