El mapa petrolero del centro del país atraviesa una reconfiguración forzada por el vencimiento de contratos y la competencia de los recursos no convencionales. La empresa Petroquímica Comodoro Rivadavia (PCR) ha decidido profundizar su huella en Mendoza con la presentación de una oferta para explorar y explotar el bloque «Río Atuel».
Esta apuesta no es casual; se da en un contexto donde el gobierno mendocino ha logrado seducir inversiones para la extracción convencional mediante esquemas de licitación permanente y flexibilidad en las regalías, permitiendo a empresas como PCR crecer en yacimientos de crudo pesado o áreas previamente abandonadas por otras operadoras.

Sin embargo, esta expansión hacia el territorio mendocino espeja una realidad mucho más compleja en La Pampa. El contrato de PCR por el área El Medanito —que representa nada menos que el 34% de la producción petrolera pampeana— tiene fecha de vencimiento para el próximo 18 de junio. Tras una licitación que quedó desierta en febrero debido a condiciones económicas consideradas poco competitivas para el sector, el gobierno de Sergio Ziliotto se encuentra en una carrera contra el reloj legislativo.

La urgencia radica en aprobar una ley que permita a la estatal Pampetrol tomar el control transitorio del área, evitando así la parálisis de un yacimiento que sostiene 400 puestos de trabajo y es una fuente crucial de ingresos coparticipables para los municipios.
La situación pone de manifiesto la disparidad de estrategias regionales frente al declive de la producción convencional. Mientras Mendoza celebra el interés inversor en bloques maduros, La Pampa debate cómo flexibilizar sus exigencias para no perder su activo más valioso.

Si no se logra un acuerdo antes del vencimiento del contrato, el riesgo de inactividad en El Medanito podría tener consecuencias económicas severas para la provincia, dejando en evidencia la vulnerabilidad de las economías regionales que aún dependen de la extracción tradicional en la era de Vaca Muerta.

