A más de dos años de las próximas elecciones presidenciales, el mapa político argentino comienza a configurarse bajo una paridad que enciende las alarmas en la Casa Rosada. Según el último relevamiento nacional publicado por Clarín, la ventaja que Javier Milei ostentaba tras su triunfo en 2023 se ha erosionado hasta llegar a un estado de virtual empate técnico. En un eventual balotaje frente a la principal figura de la oposición —encarnada hoy en el eje Axel Kicillof–Cristina Kirchner—, el actual mandatario lograría imponerse con un 44,2% frente a un 43,4%, una brecha de apenas ocho décimas que se sitúa muy por debajo del margen de error de la muestra.

El informe revela que, si bien la gestión libertaria mantiene un núcleo duro de apoyo cercano al 43% en términos de identidad partidaria, el humor social muestra signos de agotamiento. La «grieta» se presenta hoy más simétrica que nunca: mientras el 50% de los consultados valora positivamente el rumbo económico y el cumplimiento de las promesas de campaña, un 47% manifiesta un rechazo tajante.

Esta parálisis estadística sugiere que la capacidad del Gobierno para atraer al votante independiente —aquel que fue clave para la victoria de 2023— se ha estancado, dejando el escenario 2027 a merced de pequeños desplazamientos de la opinión pública.

En cuanto a las fuerzas alternativas, la encuesta destaca la debilidad de las terceras vías. El espacio de «Provincias Unidas», que agrupa a gobernadores como Martín Llaryora y Maximiliano Pullaro, apenas cosecha un 4% de intención de voto, lo que refuerza la tesis de una elección profundamente binaria.

En este contexto, el destino de la reelección de Milei parece depender menos de sus aciertos propios y más de la capacidad de resistencia del electorado frente al ajuste, en un país donde la campaña permanente ya no permite márgenes de error ni siquiera a tres años de las urnas.

