La relación de años entre Cristina Pérez y Manuel Adorni, quienes compartieron aire radial durante tres temporadas, parece haber llegado a un punto de no retorno. El conflicto escaló luego de que el funcionario sugiriera en una entrevista que una «conductora de noticiero» —en clara alusión a Pérez, la pareja del actual legislador nacional y ex ministro de Defensa, Luis Petri— lo había traicionado al horrorizarse por sus viajes al exterior, cuando supuestamente ella misma había planeado acompañarlo en alguna de esas travesías.
La respuesta de la periodista no se hizo esperar: a través de su editorial en Radio Rivadavia, Pérez dio vuelta el argumento y lanzó una frase fulminante: «Mucha gente que te votó y te creyó también se siente traicionada porque no entiende por qué no podés explicar».
Pérez defendió su autonomía profesional por encima del vínculo personal, aclarando que la labor de un periodista no es «cubrir» a los amigos que ocupan cargos públicos. «¿Qué es la lealtad? ¿Cubrir? ¿Ser cómplice? Yo no creo en esa lealtad.

Creo en la lealtad del que dice la verdad», enfatizó la conductora. Durante su descargo, reveló incluso que le había aconsejado a Adorni en privado que saliera a brindar explicaciones claras sobre el origen de los fondos utilizados para sus viajes y las reformas en su propiedad de Exaltación de la Cruz, antes de que el caso se convirtiera en una «carnicería mediática».
El eje de la disputa no es solo una cuestión de formas, sino de fondo institucional. Mientras Adorni interpreta las críticas como un ataque personal destinado a dañar la imagen de Javier Milei, Pérez subrayó que la noticia radica en las investigaciones que llevan adelante el juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita.

Para la periodista, el hecho de que el funcionario haya elegido ventilar cuestiones de la vida privada para desviar el foco de las sospechas judiciales representa una decepción personal y profesional: «Lamento sentir que mis formas no fueron las tuyas», concluyó, cerrando así uno de los cruces más tensos entre el periodismo y el riñón del poder libertario.

