La fractura expuesta dentro del peronismo bonaerense sumó un nuevo y definitivo capítulo en plena celebración del Día de la Independencia. Mientras el gobernador Axel Kicillof intenta consolidar un armado federal y transversal bajo el lema del Movimiento Derecho al Futuro para posicionarse frente al modelo de Javier Milei, aceleró a fondo su propia estrategia de supervivencia. Con una fuerte carga simbólica, Máximo Kirchner desembarcó en la localidad bonaerense de Carmen de Areco con un objetivo nítido: sepultar la idea de que Kicillof es el candidato «por default» del espacio y encender los motores de una postulación presidencial alternativa que mantenga el sello de su familia en lo más alto de la boleta.

El escenario elegido para el despliegue no fue casual. El diputado nacional estuvo respaldado por el intendente local, Iván Villagrán, uno de los alcaldes camporistas que rechaza abiertamente la conducción del mandatario provincial. Villagrán no dudó en lanzar formalmente el operativo clamor al declarar públicamente sus deseos de ver a «Máximo Presidente». Para el jefe comunal, el apellido Kirchner funciona como una «garantía y un sello de calidad» que genera mística y motivación en la militancia, e instó al legislador a profundizar sus recorridas territoriales para recuperar el contacto directo con el electorado.

Esta avanzada responde a un nuevo mapa político signado por la situación judicial de la expresidenta de la Nación. Ante la realidad de una Cristina Kirchner que cumple arresto domiciliario en su residencia de la calle San José al 1111 y se encuentra inhabilitada para el ejercicio de cargos públicos, el líder de La Cámpora asumió la tarea de recorrer diferentes provincias —con visitas previas a Santa Fe y Entre Ríos— para reconfigurar el poder interno del justicialismo. Desde el núcleo duro del kirchnerismo sostienen que la exmandataria se encuentra «proscripta» y rechazan de cuajo cualquier intento de transición que margine la conducción de la familia nuclear del movimiento.

La ofensiva contra el gobernador de la provincia de Buenos Aires no se limitó al plano discursivo de Carmen de Areco. En las últimas horas, las principales espadas de la organización —entre ellas Eduardo «Wado» de Pedro, Mariano Recalde, Mayra Mendoza, Rodolfo Taihlade, Fernanda Raverta y Teresa García— salieron de manera coordinada a reinstalar el apellido Kirchner en la discusión de las futuras fórmulas ejecutivas. El tono más beligerante lo aportó el diputado provincial Facundo Tignanelli, quien calificó la distancia tomada por Kicillof respecto de Cristina como un auténtico «parteaguas» e introdujo una severa analogía histórica al comparar la actitud del gobernador con el vandorismo, la corriente sindical que en los años sesenta intentó consolidar un «peronismo sin Perón».

Por el momento, el mandatario provincial evita confrontar de forma directa en el barro de la interna partidaria y prefiere focalizar su discurso en la construcción de una alternativa programática amplia que contenga al PJ pero exceda sus fronteras tradicionales. Sin embargo, el desafío planteado por Máximo Kirchner en el interior bonaerense deja en claro que el camino hacia las elecciones de 2027 estará minado por una feroz disputa de liderazgos, donde La Cámpora no parece dispuesta a ceder la lapicera ni el protagonismo histórico de su herencia política.

