La fisonomía urbana de la ciudad de Santa Fe está experimentando una transformación regresiva que preocupa profundamente a los sectores productivos. Según el Centro Comercial de Santa Fe, la proliferación de locales vacíos y el cierre sostenido de negocios ya no son fenómenos aislados, sino que configuran un proceso de «desertización» de las áreas comerciales.
Tanto en la emblemática peatonal San Martín como en las principales avenidas de los barrios, las vidrieras iluminadas están siendo reemplazadas por persianas cerradas y rejas, un cambio que no solo afecta la economía local, sino que impacta directamente en la seguridad y la vida social del espacio público.

Jorge Barenberg, prosecretario de la entidad mercantil, describió el panorama como «lamentable» y subrayó que el sector comercial, uno de los mayores generadores de empleo en la provincia, se encuentra en una situación de extrema fragilidad.
El diagnóstico identifica una combinación de factores asfixiantes: la caída del poder adquisitivo de los santafesinos, que ha derrumbado los niveles de ventas, se cruza con una estructura de costos fijos que no da tregua.
En este escenario, el valor de los alquileres aparece como el principal detonante para la rescisión de contratos, ya que en muchos casos el costo de ocupación supera cualquier margen de rentabilidad posible en el contexto actual.

A la crisis de ingresos se suma la presión tributaria, calificada por los dirigentes del sector como «distorsiva». Desde el Centro Comercial señalan que la superposición de impuestos nacionales, provinciales y tasas municipales drena los recursos de quienes intentan mantener sus puertas abiertas, convirtiéndose en una «deuda pendiente de la política» que no logra ofrecer soluciones estructurales.

Asimismo, advierten sobre el crecimiento de la venta informal y la inseguridad como agravantes de una crisis que está dejando a la capital santafesina con menos comercios, menos puestos de trabajo y un entorno urbano cada vez más degradado.

