El modelo de apertura turística que Cuba diseñó hace más de tres décadas para sobrevivir tras el colapso del bloque soviético acaba de sufrir su grieta más profunda. La cadena hotelera española Meliá comunicó oficialmente a la Comisión Nacional del Mercado de Valores de España (CNMV) que cesará de manera definitiva todas sus operaciones en la isla a partir de este viernes 24 de julio, poniendo fin a una emblemática presencia de 36 años en el país caribeño.

La decisión, ejecutada a través de su filial portuguesa Ilha Bela Gestao e Turismo, implica la salida total de la compañía de la gestión de 34 establecimientos que sumaban más de 14.000 habitaciones. El cese de actividades abarca el uso de sus marcas registradas, la recepción de flujo turístico y la comercialización con la red de proveedores locales.
En su informe, la empresa conducida por Gabriel Escarrer Jaume argumentó que la salida obedece a las «notables dificultades de carácter operativo, legal, económico y financiero» que afectan a la isla. El deterioro sistémico de la infraestructura insular, agravado por los severos problemas de suministro eléctrico y la severa falta de combustible registrada a comienzos de año, se sumó a las sanciones aplicadas por la administración estadounidense de Donald Trump. La reactivación del Título III de la Ley Helms-Burton y la amenaza directa de penalizaciones a empresas privadas que colaboren con la administración de Miguel Díaz-Canel terminaron por volver inviable la «estabilidad operativa mínima», según detalló la firma.

El impacto del deterioro estructural ya se reflejaba en los balances operativos de la cadena: durante el primer trimestre del año, Meliá registró una ocupación de apenas 34,1% en sus hoteles cubanos —muy por debajo del promedio global de la compañía del 58,8%— y mantenía parada cerca de la mitad de su capacidad instalada. La salida definitiva se produce tras un repliegue escalonado que tuvo un antecedente directo el pasado 3 de junio, cuando el grupo dio de baja la administración de 15 complejos.
La partida de Meliá trasciende el impacto corporativo y adquiere un fuerte peso simbólico y geopolítico. El 10 de mayo de 1990, con la inauguración del hotel Sol Palmeras en Varadero bajo el liderazgo del fundador Gabriel Escarrer Juliá, la compañía se transformó en la primera empresa extranjera en conformar una empresa mixta con el Estado cubano. Esa alianza no solo convirtió al turismo en una de las principales fuentes de divisas de la economía insular —generando ingresos por más de US$ 3.600 millones en sus primeras dos décadas—, sino que sirvió durante años como escudo de validación internacional para la atracción de inversiones hacia la isla.

