En el día de su cumpleaños número setenta, Patricia Bullrich sacudió la interna del oficialismo al fijar una postura implacable frente a la última presentación judicial de Manuel Adorni. La actual jefa de la bancada libertaria en el Senado de la Nación no anduvo con rodeos y subió la tensión en la cúpula del poder al asegurar que la conducta del jefe de Gabinete excede el marco de una simple desprolijidad administrativa. «Esto es más que un error, esto es una omisión ética. Y nuestro Gobierno tiene la moral como política de Estado», sentenció Bullrich en declaraciones exclusivas al diario La Nación, delegando en los tribunales la tarea de establecer las responsabilidades penales definitivas.
La ofensiva de la exministra de Seguridad no es un hecho aislado, sino el corolario de una cruzada personal que comenzó hace poco más de un mes. En aquel entonces, Bullrich le había exigido públicamente al ministro coordinador la presentación inmediata de sus declaraciones juradas para disipar los crecientes ruidos sobre su evolución patrimonial. Previamente, la legisladora había intentado plantear el tema de manera interna en una reunión de gabinete, pero sus advertencias fueron interrumpidas por el propio presidente Javier Milei, quien, junto a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, blindó políticamente al portavoz frente a las sospechas.

Las declaraciones de la senadora se inscriben en una secuencia de sutiles pero firmes movimientos de diferenciación respecto de la línea dura de la Casa Rosada. En las últimas semanas, la dirigente asistió a la comisión de Libertad de Prensa de la Cámara alta para escuchar las quejas por las severas restricciones al periodismo acreditado en la sede de Gobierno. Además, manifestó un rechazo explícito «por razones de conciencia» cuando el Poder Ejecutivo retiró el pliego de la jueza María Verónica Michelli —vetada por ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon—, una controversia que terminó con la abstención de Bullrich en el recinto luego de una trabajosa tregua con Karina Milei.

Desde el entorno de la jefa del bloque libertario en el Senado se apresuraron a aclarar que estos posicionamientos no representan una intención de romper con el espacio ni la búsqueda de un proyecto presidencial propio para 2027. Sus colaboradores explican la maniobra como una defensa legítima de su capital político y electoral, bajo la premisa de que su valor dentro del oficialismo radica, precisamente, en su capacidad para mantener una identidad propia. Mientras cerca de Bullrich ya dan al jefe de Gabinete por «terminado políticamente», el propio Adorni intentó relativizar los roces horas antes del estallido público, en una muestra de la profunda incomodidad que el caso genera en las oficinas gubernamentales.

