El horizonte del río Paraná se prepara para recuperar una de sus siluetas más queridas, pero esta vez con una impronta que mira decididamente hacia el futuro. El Barco Ciudad de Rosario, que durante décadas fue el anfitrión indiscutido de miles de turistas y locales, ha ingresado en una fase determinante de su reconstrucción en el astillero Fluvimar.
No se trata de un simple mantenimiento estético; la nave está siendo sometida a una transformación estructural y energética que la posicionará como la primera embarcación de gran porte en la Argentina en operar de manera cien por ciento sustentable.

El corazón de esta metamorfosis reside en sus motores y generadores, que dejarán atrás el gasoil convencional para alimentarse exclusivamente de biodiésel de segunda generación. Este combustible, fruto de una alianza estratégica con empresas regionales, se produce a partir del reciclado de aceites vegetales y grasas provenientes de la industria gastronómica y frigorífica.
Este circuito de economía circular permitirá que el gigante del río reduzca sus emisiones de gases de efecto invernadero en más de un 75 por ciento, transformando lo que antes era un residuo urbano en la energía limpia que lo desplazará frente a las costas de la ciudad.

Bajo la supervisión técnica del capitán Andrés Aldao y un equipo de ingenieros navales, el barco se encuentra actualmente en dique seco, donde se realizan trabajos de precisión milimétrica. Las tareas abarcan desde la medición de espesores en el casco y la alineación de sus ejes para eliminar vibraciones, hasta la incorporación de tecnología de navegación de última generación, que incluye cartas digitales y sistemas de localización AIS.
Cada paso es auditado estrictamente por la Prefectura Naval Argentina para garantizar que el regreso a la actividad cumpla con los más altos estándares internacionales de seguridad náutica.
Esta nueva etapa es impulsada por Hayra SRL, una firma integrada por jóvenes emprendedores rosarinos que adquirieron la nave a la familia Oficialdegui, sus históricos propietarios. El desafío asumido no solo es técnico sino también cultural, ya que buscan preservar la identidad de una embarcación que zarpó por primera vez en 1971 y que forma parte de la memoria colectiva de Rosario. Con el apoyo de patrocinadores locales vinculados al agro y la energía, el proyecto busca demostrar que la sostenibilidad es un camino viable y necesario para el turismo regional.

Si los plazos de obra y las certificaciones oficiales mantienen su curso, el renovado Ciudad de Rosario volverá a amarrar en la Terminal Fluvial para su presentación oficial el próximo 20 de junio. El objetivo es que, coincidiendo con el Día de la Bandera, el emblemático buque vuelva a surcar las aguas del Paraná, esta vez como un estandarte de innovación ecológica y compromiso ambiental, reconciliando la tradición náutica de la ciudad con las exigencias del siglo veintiuno.

