La historia de la lechería argentina cierra uno de sus capítulos más dolorosos. Este miércoles, el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación de Rafaela, bajo la firma del magistrado Marcelo Gelcich, oficializó la declaración de quiebra de SanCor Cooperativas Unidas Limitada. La resolución surge tras la constatación de que el proceso de concurso preventivo era ya una vía muerta, derivando en lo que técnicamente se denomina una «quiebra indirecta» ante la imposibilidad de la firma para presentar una propuesta de acuerdo con sus acreedores o simplemente sostener su giro comercial diario.
Una radiografía de la insolvencia estructural
El dictamen judicial, que se extiende a lo largo de 49 páginas, describe un escenario de «insolvencia estructural». SanCor no solo arrastra un pasivo concursal histórico de varios miles de millones de pesos y 86 millones de dólares, sino que su situación se agravó drásticamente durante el propio proceso judicial.

Al 31 de enero de 2026, la deuda generada después de entrar en concurso —necesaria para seguir operando— ya resultaba inmanejable:
- Deuda comercial: $13.313 millones.
- Salarios adeudados: $12.788 millones.
- Obligaciones impositivas y previsionales: $6.349 millones.
- Aportes a seguridad social y sindicatos: $3.380 millones.
A este cuadro se le suma un déficit operativo asfixiante: la cooperativa generaba mensualmente cerca de $3.000 millones de nuevo pasivo, dado que sus ingresos corrientes eran insuficientes para cubrir los costos básicos de funcionamiento.
La pérdida de escala y el valor del capital humano
El deterioro financiero tuvo su correlato directo en las plantas industriales. De las seis unidades que SanCor operaba en Santa Fe y Córdoba, la mayoría funcionaba en niveles de subutilización alarmantes. El caso de la planta principal en Sunchales es el más gráfico: operaba a menos del 10% de su capacidad instalada. Durante el último año, la firma perdió su red de proveedores propios, pasando a depender de contratos con terceros para procesar leche (fazón) hasta quedar reducida a volúmenes mínimos de producción.
Pese al descalabro, el juez Gelcich incluyó un «mensaje a la sociedad» redactado en lenguaje claro, donde resalta que el valor residual de la compañía reside en su marca y en su personal. El fallo destaca el compromiso de los 914 trabajadores que, aun sin cobrar sus haberes completos, sostuvieron la calidad del producto. Según el magistrado, los activos físicos son reemplazables, pero la organización y el conocimiento técnico de los empleados son el verdadero activo que los futuros compradores deberán valorar.

El futuro: Continuidad transitoria y liquidación
Para evitar una pérdida mayor del valor de mercado, el tribunal dispuso la continuidad de la explotación de forma transitoria en las unidades que aún respiran. El objetivo final es iniciar un proceso de enajenación mediante licitación, ya sea de la compañía en su totalidad o por unidades de negocio independientes (marcas, plantas o segmentos específicos).
Esta estrategia busca maximizar el recupero para los acreedores y, fundamentalmente, intentar el ingreso de capitales privados que puedan reactivar lo que aún sea viable de la cooperativa. Se cierra así una etapa de años de crisis caracterizada por altos costos, pérdida de competitividad y un endeudamiento que terminó por devorar a uno de los pilares de la economía regional argentina.

