La madrugada del jueves se convirtió en un escenario de caos para millones de habitantes del Área Metropolitana de Buenos Aires tras el paso de un frente de tormentas severas que castigó con dureza tanto a la Ciudad como al cordón bonaerense. El fenómeno, caracterizado por ráfagas que superaron los 80 kilómetros por hora y una caída de granizo de dimensiones inusuales, transformó las arterias viales en ríos y dejó a su paso un rastro de árboles caídos y postes de luz derribados.

El impacto fue especialmente crudo en la zona sur, donde localidades como Dock Sud amanecieron con un paisaje de anegamientos totales que dificultaron el tránsito y el ingreso a las viviendas. La violencia del viento no dio tregua; en el interior bonaerense, específicamente en Las Flores, se reportó el paso de un tornado que provocó destrozos estructurales en techos y galpones, además de dejar heridos leves y un apagón generalizado.
En la Ciudad de Buenos Aires, barrios como Palermo y Belgrano sufrieron la saturación de los sumideros ante la intensidad de la precipitación, lo que derivó en vehículos afectados y comercios dañados por el ingreso del agua. Mientras las cuadrillas municipales trabajan para remover los escombros y restos de poda que bloquean las calles principales, la atención meteorológica se desplaza ahora hacia el norte del país.

El Servicio Meteorológico Nacional ha emitido una alerta naranja para las provincias del Litoral y el NEA, advirtiendo sobre la persistencia de este sistema que continúa su avance. Para el resto de la jornada en la zona central, se espera que el viento sea el protagonista con ráfagas persistentes, manteniendo el clima de inestabilidad hasta bien entrada la noche, aunque sin la intensidad eléctrica que marcó el inicio de esta jornada crítica.

