La tierra de Córdoba, tantas veces removida para ocultar el rastro de la última dictadura militar, acaba de devolver una verdad que el tiempo y el silencio no pudieron degradar. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmó este lunes la identificación de Luis Mónaco y Esther Felipe, secuestrados en enero de 1978. La noticia no solo representa un hito técnico por la complejidad de las muestras recuperadas, sino que se erige como un acto de justicia poética para una familia que, durante 48 años, buscó respuestas entre la bruma de lo incierto.

Luis, un reconocido trabajador de los SRT y cuadro del Círculo Sindical de la Prensa, y Esther, su compañera de vida y militancia, fueron víctimas del engranaje represivo que operaba en el centro clandestino de detención La Perla. El hallazgo de sus restos posee una carga simbólica inusual: ambos fueron encontrados en el mismo sector del predio militar, sugiriendo que el destino que los unió en el compromiso social también los mantuvo juntos en el desenlace final.
Para su hija, la periodista Paula Mónaco Felipe —quien era una recién nacida al momento del secuestro—, el hecho de que sus padres hayan «vuelto juntos» se traduce en un mensaje de resistencia afectiva frente a la frialdad del genocidio.

La tarea de identificación enfrentó desafíos monumentales. El juez federal Miguel Hugo Vaca Narvaja detalló que la zona intervenida había sufrido remociones con maquinaria pesada décadas atrás, en un intento deliberado por pulverizar las evidencias de los crímenes. Sin embargo, la persistencia de los peritos permitió rescatar fragmentos óseos que escaparon a las excavadoras, material suficiente para que el laboratorio de genética lograra un cruce de ADN irrefutable.

Este éxito científico reactiva la esperanza para decenas de familias cordobesas que aún esperan una señal entre los surcos de los antiguos campos de exterminio en donde quedaron varios desaparecidos por la dictadura militar, demostrando que, a pesar del paso de las décadas, la voluntad de saber sigue siendo más potente que la arquitectura del ocultamiento.

