En los pasillos del poder económico circula con fuerza la versión de un acuerdo inminente que podría marcar el hito empresarial del año: el desembarco del grupo liderado por José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti en el mercado minorista de combustibles.
A través de una alianza con la comercializadora suiza Mercuria, los dueños de Edenor se encuentran en la fase final de las tratativas para quedarse con el control de la marca Shell en el país, hoy en manos de la brasileña Raízen.

Aunque la operación aún no ha sido sellada y se mantiene bajo estricto sigilo profesional, el mercado ya lee este acercamiento como la consolidación definitiva de Manzano como el gran «jugador total» de la energía argentina, logrando una presencia que iría desde la generación y distribución eléctrica hasta el despacho de naftas en más de 850 surtidores.
Para Manzano, cuya figura combina la astucia del operador político histórico con la del estratega corporativo global, la eventual compra de la refinería de Dock Sud y la red de estaciones no es solo un negocio financiero, sino un salto de calidad en su capacidad de influencia sistémica.

De llegar a buen puerto, esta nacionalización de los activos de Shell le permitiría al empresario mendocino sentarse en la mesa chica donde se define la política de precios y el abastecimiento energético, compitiendo de igual a igual con la estatal YPF. Mientras el sector espera la confirmación oficial del cierre de la transacción, queda claro que Manzano ha vuelto a identificar una ventana de oportunidad política y económica para expandir su imperio, apostando a que el futuro del capital en Argentina pasa por el control de los recursos estratégicos y la infraestructura crítica del país.

