El malestar de los repartidores que prestan servicios para las principales aplicaciones de delivery en la ciudad de Santa Fe se tradujo en una masiva movilización hacia el microcentro de la capital. Convocados de manera independiente, decenas de trabajadores en moto y bicicleta se concentraron frente a los puntos de mayor actividad comercial para visibilizar una crisis que, según denuncian, combina la precarización contractual, el congelamiento de sus ingresos frente a la inflación y una creciente desprotección en materia de seguridad vial y ciudadana.

El eje central del reclamo radica en la necesidad de establecer un «piso tarifario» indexado de manera periódica. Los manifestantes sostienen que el valor base por cada envío se encuentra desactualizado y no alcanza a cubrir el fuerte incremento de los costos operativos, fundamentalmente el combustible, los repuestos de los vehículos y el mantenimiento de las herramientas de trabajo. De acuerdo con los voceros de la protesta, la ganancia real por viaje se ha reducido drásticamente en el último año, lo que obliga a los repartidores a extender sus jornadas laborales por encima de las diez horas diarias para alcanzar un ingreso equivalente a la canasta básica.

Recordemos que desde que el presidente Javier Milei asumió su puesto, mucha gente se ha volcado a este tipo de trabajo básicamente por dos motivos: por la pérdida de su trabajo formal del que lo despidieron o por ajuste de la empresa o porque cerró definitivamente. El otro motivo por el que la gente se ha visto obligada a introducirse en el mundo de los repartidores, es el de incrementar los ingresos debido a que la inflación sigue siendo un problema y a que se licuaron los salarios y se terminaron varias ayudas, desde los subsidios a los servicios, hasta planes sociales.

Otro de los puntos críticos señalados durante la jornada es la falta de transparencia en los algoritmos que administran las plataformas multinacionales. Los trabajadores denuncian que los sistemas de asignación aplican penalizaciones y suspensiones de cuentas de forma arbitraria y automatizada, sin posibilidad de un descargo humano formal. Esta situación, afirman, genera un estado de inestabilidad laboral constante, donde el repartidor carece de previsibilidad sobre sus ingresos diarios y queda expuesto al bloqueo de su única fuente de sustento ante cualquier falla técnica o queja injustificada.
La movilización también puso sobre la mesa el reclamo por mayor seguridad en las calles santafesinas. Los repartidores advierten que se han convertido en un blanco frecuente de la delincuencia urbana, sufriendo robos de vehículos y pertenencias de manera sistemática en diversas zonas de la ciudad durante los horarios nocturnos. Ante la falta de respuestas institucionales y corporativas, los trabajadores no descartan profundizar las medidas de fuerza con ceses de actividades y nuevos bloqueos en puntos estratégicos si las empresas del sector no abren una instancia de diálogo para revisar los esquemas de pago y las condiciones de prestación del servicio.

